Ander Retolaza reseña «Estudios sobre la psicosis»

Estudios sobre la psicosis
José María Álvarez.
Colección: AGSM. La Otra psiquiatría.
Asociación Galega de Saúde Mental
2006.

Vuelve a la carga José María Álvarez con su visión disidente de las psicosis. El autor, sólo como en esta ocasión o en compañía de colegas y amigos en otras, no ha dejado de publicar, y a un buen ritmo en los últimos años, sobre éste que parece ser su más querido tema.Tampoco ha cejado en sus análisis a contracorriente.

El texto que aquí presentamos se compone de diez interesantes estudios, la mayor parte de los cuales recogen, tras la conveniente revisión, conferencias previas o trabajos del autor ya publicados en diversas monografías y revistas. Compendian sus puntos de vista personales sobre las psicosis y analizan en detalle muy diversos aspectos de la psicopatología de las mismas, en especial los fenómenos elementales, el delirio y las alucinaciones. Sin olvidarse de señalar —punto cardinal de su discurso— la función del síntoma en la psicosis, insistiendo sobre la dimensión creativa y reconstructiva del mismo.

El autor parte de la exploración del testimonio directo del psicótico para mejor comprenderlo. Fiel a su estilo didáctico, bien reflejado en su trayectoria intelectual, recoge lo más granado de la tradición psiquiátrica y sus postulados sobre las psicosis para discutir con ella. En el camino aúna con lo anterior algunos planteamientos de la filosofía de la Antigüedad clásica y sus conocidas posiciones psicoanalíticas de raíz lacaniana. Provienen los primeros particularmente de los estoicos, representados en este caso por Cicerón. Respecto al sustrato lacaniano, recordemos que esta escuela siempre ha mantenido un discurso propio y original sobre la psicopatología de la psicosis.

A medida que el texto avanza se va desvelando su lógica interna que nos suministra una explicación verosímil sobre la gestación de la locura y las distintas posiciones y estrategias que el sujeto puede adoptar en su transitar por ella. De esta forma se consiguen perfilar las bases que convienen al trato y al diálogo con el alienado y, desde aquí, a una terapéutica bien articulada con la psicopatología. Dimensiones ambas imprescindibles de la clínica en su estado más puro.

El libro se compone de tres partes. «Pensar la psicopatología», la primera de ellas, comienza comentando el pathos y el ethos engranando los discursos de Cicerón, Pinel y Freud para discutir luego la noción de responsabilidad y sus implicaciones, otro de los temas recurrentes en el autor, en el siguiente apartado: «Delirio y crimen: a propósito de la responsabilidad subjetiva».

En la segunda parte nos encontramos con la psicopatología en su estado más puro. Aquí la discusión versa sobre la «Alucinación y los fenómenos elementales», exponentes psicopatológicos que dan título al apartado. Hallamos en él una útil exposición sobre la noción de Pequeño Automatismo Mental o Síndrome de Pasividad de G. de Clérambault, que dará pie a que el autor pueda ilustrarnos sobre todo aquello que —a su ver— ocurre en el mundo del psicótico antes de que éste empiece a delirar. Primero la perplejidad y la caída en el vacío, la falta de sentido en su más pura manifestación, luego la reconstrucción de un mundo posible a través del delirio y las manifestaciones xenopáticas. Termina esta segunda parte con una exposición de la noción de certeza en el contexto de la psicopatología psicótica, noción que aparece como contrapuesta a la de creencia (creencia delirante en este caso) y mucho más útil que ésta para comprender la naturaleza de las convicciones del psicótico.

La última parte, «Paranoia y delirio», se inicia con una exposición del caso de Paul Schreber, en un típico inicio para introducir el tema entre los autores de raigambre psicoanalítica. A continuación se discute otro caso, clásico entre los clásicos de la psicopatología, el de Ernst Wagner. Se trata de un famoso paciente del psiquiatra Robert Gaupp, discípulo éste de Krestmer, que perpetró una masacre en una pequeña localidad del sur de Alemania hace casi cien años. A partir de estos ejemplos, tomados como casos prínceps, el autor discute el estatus de la paranoia en el entramado de la psicopatología del último siglo.Trata así de ilustrarnos sobre las dificultades que el discurso psiquiátrico dominante ha venido encontrando en su intento de encajar en un lugar apropiado esta entidad en sus clasificaciones. Ello se debe a la deficiente manera en que —en su opinión— es conceptualizada esta enfermedad.

En esta forma de tratar y discutir los temas, casi literaria, muy cuidadosa con el lenguaje y siempre cercana a la filosofía, encontramos un estilo de hacer las cosas característico del autor y su círculo de cofrades del Hospital Dr.Villacián de Valladolid. Baste recordar que, en la actualidad es una osadía (y por supuesto va contracorriente de todas las tendencias reconocidas como científicas) el sostener y apuntalar cualquier tesis apoyándola en casos únicos por muy interesantes e importantes que estos sean. Las muestras N=1 no son aceptadas como representativas en la mayor parte de las publicaciones al uso en nuestra profesión.

Una curiosidad. Al final del libro encontramos un pequeño apartado, «Anexo bibliográfico sobre Schreber», en el que se recogen abundantes citas de autores que se han acercado a este caso desde muy diferentes ópticas. Correctamente se incluye entre ellas la de Masa y Poder, de Elías Canetti (un conocido libro, publicado en 1960, que intenta dar algunas claves sobre los comportamientos colectivos y sus derivas). En el mismo, en efecto, hay dos capítulos finales dedicados al caso Schreber desde la perspectiva de este Premio Nobel. Lo curioso, lo sorprendente, es que Canetti (judío, de cultura alemana), que trata un asunto muy cercano a las preocupaciones e intereses, entre otros, no sólo de sociólogos, sino también de psiquiatras, (de hecho cita a algunos de su época a lo largo del texto, incluyendo a Kraepelin) no menta ni una sola vez a Freud ni a ninguno de los autores de inspiración psicoanalítica que han tratado el tema. Y eran ya legión cuando, preocupado por los orígenes de la barbarie nazi, escribió Masa y Poder.

Mencionar, finalmente, que el libro viene precedido de una introducción entusiasta de Fernando Colina, que éste —uno de los cómplices más cercano al autor— ha titulado: «José
María Álvarez y la “Otra” psiquiatría».

Se sabe que Jaspers defendía la superioridad de la psicopatología alemana respecto a la francesa, porque pensaba que aquélla estaba más próxima al mundo académico, lo que le daba más familiaridad con las construcciones teóricas que la psiquiatría necesita. Mientras veía a la última, más pegada al enfermo y a la clínica, lo que —a su juicio— la supeditaba a la resolución de problemas prácticos. En mi opinión, el mismo argumento serviría para defender una supuesta superioridad de los psicopatólogos franceses. Hoy sabemos (como mínimo desde Marx) que no puede haber teoría sin práctica, ni viceversa. Y que, en última instancia, todo —y sobre todo nuestros deseos— debe ser sometido a la prueba de la realidad. En este libro, como en el resto de los de José María Álvarez, aparecen profusamente citados, entre otros, autores franceses y alemanes, pero todos ellos en función de una construcción teórica original que trata de ser coherente, que intenta no obviar hechos clínicos relevantes y que posibilita acercarse a una terapéutica derivada de esta posición ante la psicopatología.

Asistir, viene del latín assistere, que quiere decir detenerse junto a algo. Detenerse, sentarse junto al enfermo y reflexionar sobre los problemas que éste nos plantea. El lector es quien, al final, debe juzgar si el autor nos ayuda en este camino. A mi juicio —y con independencia de las opiniones que se puedan tener sobre alguno de sus planteamientos— lo consigue.

Por Ander Retolaza
Bilbao, septiembre de 2006

Fuente: Norte de Salud Mental, nº 26 • 2006

2017-08-26T12:25:20+00:00 30/09/2006|Categorías: Noticias, Reseñas y comentarios|Etiquetas: |