Adolfo Santamaría: Presentación de «Lo femenino, entre centro y ausencia»

Ficha técnica:

Título: Lo femenino, entre centro y ausencia

Autor: Miquel Bassols

ISBN: 978-987-4136-04-6

Págs.: 212

Editorial: Grama Ediciones

Buenos Aires, 2017

El pasado 24 octubre de 2017 tuvo lugar, en la Sede de Valencia de la Escuela Lacaniana de Psicoanálisis, la presentación del libro:

Lo femenino, entre centro y ausencia.

El evento contó con la participación del autor, Miguel Bassols, Psicoanalista, AME, Presidente de la Asociación Mundial de Psicoanálisis (AMP) y fue presentado por Concha Juan, psicoanalista, Directora de la BOLV, miembro de la ELP y de la AMP.

El libro fue comentado por Patricia Tassara, psicoanalista, Directora de la sede de la CV ELP, AE, miembro de la ELP y de la AMP, y por Adolfo Santamaría, psicoanalista, miembro de la ELP y de la AMP y colaborador de «La Otra».

Es un placer ofrecerles el texto de la presentación realizada por Adolfo Santamaría.



Lo que no tiene forma:
cartografía vs. caligrafía

Inicio esta presentación con un título que roza el oxímoron, que cuando menos encierra una paradoja, ¿cómo cartografiar/caligrafiar lo que no tiene forma?

La lectura de Lo femenino, entre centro y ausencia, me hizo tropezar con «lo que no tiene forma» este

tropiezo trajo a mi memoria una conferencia de M. Bassols en la antigua sede del Instituto Francés en Valencia (1998) conferencia que desgrabamos y que amablemente M. Bassols corrigió para la difusión entre los miembros de la entonces EEP.

«Lo que no tiene forma» puesto en relación con lo inconsciente, hace serie con la cosa misma y lo femenino. En este libro, al que llamaré «trabajo» se da cuenta de esta serie. Esta es una primera cuestión que deseo plantear y que espero poder trasmitir.

El significante «cartografía» —ciencia que se encarga del estudio y de la elaboración de los mapas geográficos, territoriales…— así como el de «caligrafía», entre otras, se ha ido apoderando de nosotros con la lectura de Lo femenino… incluso después de la primera lectura elaboramos una especie de mapa con la finalidad de orientarnos y aproximarnos al trabajo de reelaboración, de reescritura realizado por M. Bassols.

Lo femenino, entre centro y ausencia es un trabajo elaborado y plasmado en un libro de 212 páginas compuesto por diferentes escritos e intervenciones que fueron comunicados a congresos, jornadas y seminarios, la gran mayoría, en el bienio 2014-2015 —al menos 9 de estos—. Existe al menos uno escrito fuera de esta serie – Isak Dinesen, lo femenino en la página en blanco (2001),- que hace «límite» en tanto fuera de la serie y que permite ordenar la misma . Lo femenino… es el resultado de una elaboración colectiva —nos dice M. Bassols—, en esta comunidad de soledades que llamamos Escuela.

Hay en este libro algo no escrito que es trasmitido por el autor; es un texto, y digo uno, más allá de que el libro esté compuesto por diferentes escritos, ponencias, entrevistas, etc., que para nada nos deja indiferentes. Con una dosis adecuada de referencias está atravesado de un trabajo de investigación constante, del que se desprende, que más allá del saber referencial que encierra, destila un saber textual intenso.

Esta trasmisión toma al menos cuatro vías:

  1. La no escrita y deducida por este lector que les habla; la que escucha un eco en el decir.
  2. Una segunda, más formal, y que se nutre del saber referencial tomando diferentes autores como no podía ser de otra forma: el Freud —el del sueño de la inyección de Irma y la Sexualidad femenina—; el Lacan del «retorno a Freud» y del significante, y de forma destacada el Lacan, segundo, el que se inicia en el Seminario Encore/Aún y el Seminario previo «De un discurso que no fuera semblante» así como el texto anterior «Lituratierra». Se apoya de forma estratégica en el JAM de la exégesis lacaniana, quien a través de sus seminarios ha puesto en nuestro tiempo el impulso de una nueva clínica, que precisamente M. Bassols recoge en su libro, o más bien, propone en su libro.
  3. Una tercera vía puede leerse al hilo de pequeñas, a veces no tanto, analogías, relatos, cuentos y algún chiste, a través de la cual se desliza por una terra incógnita para producir una caligrafía de lo real.
  4. No quiero dejarme la última vía de trasmisión, quizás ligada con la primera, la de las pinceladas del M. Bassols psicoanalista, el analista silencioso y discreto, que nos deleita en este texto con mas de una viñeta clínica para ilustrar lo que está queriendo trasmitirnos: «esa mujer desbordada».

Cuatro vías de trasmisión para que, de forma efectiva como la realidad misma, la trasmisión cumpla su cometido, esto es, hacer «ex-sistir» el deseo en el lector.

Queremos señalar que este libro es un trabajo por el modo en como ha sido construido, el modo en como las diferentes contribuciones conforman al fin lo que queremos enfatizar con nuestro título: «lo que no tiene forma», el goce Otro… también llamado goce femenino.

Lejos de nuestra intención de entrar en los contenidos y desvelarlos. Queremos, sin embargo, apuntar, digamos, algunos puntos nodales que nos han orientado en el recorrido que se nos propone.

El libro, dividido en siete secciones y un colofón, ofrece dos tipos de lectura: una lineal de principio a fin y otra mas intuitiva, en el fondo, mas particular. Esta última fue la que elegimos para explorar esa terra incógnita como M. Bassols denomina a «lo femenino» haciéndose eco del conocido «continente negro» freudiano.

Así pues, tomamos la puerta de entrada que nos ofrece el autor y nos adentramos en el primer apartado «Lugares de lo femenino». Sección que se interroga por los lugares que ocupa «lo femenino» en la economía subjetiva. Esa terra incognita es posible pensarla desde la geometría, más allá del mito propuesto por Aristófanes, M. Bassols nos propone la figura geométrica de la elipse como lugar en el que poder representar algo de «lo femenino». La elipse como sabemos se caracteriza por la excentricidad de sus focos, uno central desde el que podríamos establecer con un compás una circunferencia y otro «extimo» a ella misma que se constituye en ausencia.

La dialéctica, quizás imposible por la heterogeneidad de los términos, entre centro y ausencia, son constitutivos de eso que denominamos «lo femenino» y que no se deja de señalar a lo largo de todo el recorrido.

Lo femenino y la feminidad

Un paréntesis que nos permite distinguir entre ambos términos: la feminidad del lado del significante fálico, la feminidad fálica, sus lugares, sus imágenes, de lo femenino, a-tópico por excelencia.

De este modo nos advierte:

«Cuanto más presente se hace la feminidad fálica, la feminidad que tiene una representación, cuanto más se intenta representar algo de esta feminidad del lado fálico más se intuye, más se supone algo no representable, algo que está más allá y más acá, sin frontera, sin reciprocidad posible, de lo femenino» (p.43).

Es interesante el tratamiento que se da al significante «lo femenino». Como una peculiaridad propia del autor, como amante de las palabras, se adentra en este punto en una consideración no menor a cerca de «lo femenino». Nos ofrece, a la investigación, desde el punto de vista del lenguaje esta afirmación: «lo femenino es neutro». En este sentido «lo neutro» es «lo que se llama en gramática una forma no marcada, es decir que no está marcada por el género».

¿Qué hace la diferencia, pues, entre masculino y femenino? Si el lenguaje nos hace percibir esta diferencia como «demasiado natural», es, en realidad, el propio lenguaje la diferencia misma, es en el lenguaje donde esta aparece. «Es sólo en y por el lenguaje que podemos representarnos esta diferencia». En otros términos, ES lo real que el lenguaje recubre lo que hace la diferencia.

Abocados a la lógica fálica, la diferencia de los sexos es una diferencia significante, de presencia y ausencia, de falo y castración… y desde ese sentido hay que tomar la precisa afirmación de Bassols:

 «La diferencia de género niega la diferencia sexual si entendemos que el sexo es, por definición, la Alteridad Del Goce Sexual. La sexualidad es la diferencia entendida como alteridad de goce del cuerpo».

De esta forma la vía de exploración, el camino de la investigación de qué sea lo femenino deja a un lado la lógica fálica. Aquí que vendrá la nueva brújula, desde la enseñanza de Lacan, encarnada en el objeto a —un objeto que no es significante— a orientarnos en la terra incognita de lo femenino.

Este es el punto de un viraje: «lo femenino como neutro» que va a orientarse en este objeto a-sexuado (ni masculino ni femenino), enfatizando lo femenino como un intento de encontrar este «como puro goce del cuerpo del ser que habla».

Las consecuencias son, diríamos, reales —de real— «cuando hablamos de lo femenino estamos en el espacio de la no reciprocidad». De la soledad, como veremos mas adelante. Pero también de un goce sin forma, in-forme, de un goce Otro, que en su no reciprocidad no entiende de género, y por tanto habitante de cualquier cuerpo-hablante.

«Lo femenino» señala nuestro autor, en la línea del objeto a-sexuado nos conduce a otro modo de inscripción en el ser que habla.

Hemos querido con las líneas que anteceden vislumbrar, en forma de apunte, un lugar de lo femenino por su cara de goce Otro, no fálico y a-sexuado.

Es así que desde la cartografía fálica es posible, en el horizonte deshabitado del ser, en su litoral, arribar a la caligrafía de un borde que es un goce Otro, «si existiera…»

«Pero es un goce que no cesa de no escribirse, no cesa de no representarse en la lógica fálica».

Quiero concluir mi presentación con una pregunta que M. Bassols formula en el texto de la sección V «Trama en los cuerpos, violencia en las ciudades», que me ha gustado especialmente, en el apartado «La tinta roja de lo real»:

«¿Cómo trasmitir hoy el lugar decisivo que de este real que en el lenguaje sólo reaparece como aquello que no cesa de no escribirse y del que, como nos muestra la clínica, depende del destino de cada sujeto, y con él el propio destino del psicoanálisis?»

Tenemos que servirnos del instrumento que Lacan encontró para hacer valer lo real del psicoanálisis en el lenguaje, este instrumento es el de la letra en lo real del inconsciente, término tercero entre la palabra y el lenguaje: la instancia de la letra.

Concluyo con la lectura de uno de esas pequeñas historias a las que me refería al inicio, como una forma de transmisión, «para hacer escuchar algo de este real de la letra en el inconsciente como asunto de escritura, de escritura en la palabra dicha».

La historia dice así: Un hombre es deportado a Siberia y antes de marchar, sabiendo que sus mensajes serían leídos por la censura, les dice a sus amigos lo siguiente:

«Establezcamos un código. Si recibís una carta mía escrita en tinta azul, todo lo que os cuente es verdad. Si está escrita en tinta roja, todo lo que escribo es falso». Al cabo de un mes les llega una carta escrita del amigo en Siberia en tinta azul diciendo lo siguiente: «Aquí todo es estupendo, las casas son amplias y espaciosas, en las calles hay todo tipo de tiendas y espectáculos, en los cines podemos ver todas las películas de Hollywood, podemos conseguir y comprar todo lo que queremos. Lo único que no podemos conseguir es tinta roja» (Pág. 135).

Cómo escribir y cómo leer ese real que no cesa de no escribirse es el interrogante que nos trasmite Miquel Bassols en su trabajo Lo femenino, entre centro y ausencia.

Termino: «La escritura —insiste Lacan— es este abarrancamiento (ravinement) hecho de restos, que hace hueco en el saber para alojar el goce».

2018-01-04T11:33:47+00:00 03/01/2018|Categorías: Eventos, Libros, Noticias, Reseñas y comentarios|Etiquetas: , |