La locura escrita

XII Jornadas de la Otra psiquiatría

(Valladolid, 22 de mayo de 2015)

«Para leer hay que volverse ciego a la visibilidad de lo escrito». Lyotard
«La psiquiatría son los despojos de una gramática mal utilizada».
«El lenguaje no es más que el velo que tapa las palabras».

G mi profesor particular de psicosis, que tanto me enseñó.

 

Las referencias en la obra de Lacan sobre la escritura son una constante en toda su enseñanza.
Se inicia en 1957 con el Seminario sobre La carta robada, basado en el cuento de Poe, al que siguen el escrito La instancia de la letra en el inconsciente, que continúa con el artículo “Lituraterre” perteneciente al Seminario XVIII y al final de su enseñanza en el Seminario XX, Encore introduce una nueva escritura: el nudo borromeo.
En Encore (1972-1973) le dedica un capítulo a la función de lo escrito.
En su recorrido aborda la escritura a partir de la lingüística, la lógica y finalmente la topología.
Así resume Araceli Fuentes, en su artículo “La función de la escritura en la experiencia psicoanalítica”, el interés de Lacan tanto por la letra como por la escritura en toda su obra.
En el seminario sobre Joyce, El Sinthome comprobaremos que ni lo simbólico, ni lo imaginario, ni lo real son lo que eran hasta entonces.


Los locos escriben. Es un hecho constatable a diario, en un lugar como un psiquiátrico en donde trabajo, pero también lo es, que no todos lo hacen…Los que escriben lo hacen cada uno a su manera, de modo singular, e irrepetible haciendo de ello su estilo, su marca…su firma, que en definitiva es darse un nombre y una filiación en la genealogía, que les ubique como seres parlantes y sexuados, supliendo así la ausencia de la función de la metáfora paterna efecto de la forclusión y causa de la psicosis desde el psicoanálisis. Se dotan por así decirlo, de estirpe.

Los textos entran en la economía libidinal del sujeto, y el acto de escribir es un esfuerzo de aferrarse al orden simbólico. En este sentido unos lo harán fuertemente y otros de modo débil, frágil… Al fin y al cabo el significante del nombre del padre, permite unir significante y significado y que la nominación y sexuación puedan realizarse.

El acto de escribir en cada caso está empapado de los desequilibrios, malabarismos y confusiones de la vida psíquica, y de los atolladeros y fracturas, de la vida social y familiar.

C, M, E, P, A, E, G, M, L y tantos otros…son locos corrientes y molientes todos ellos escriben.

Todos me han enseñado y me enseñan sobre su locura, a través de su palabra y a través de sus escritos. Todos son un enigma.

Ninguno es un Rousseau, un Hölderlin, un Joyce… un Schreber… un Artaud… un Wagner… no son locos extraordinarios, aunque lo son para mí, en el sentido de la transcendencia de sus obras en nuestro pequeño mundo, pululando en nuestras reuniones, conversaciones y jornadas hablando de ellos y lo que nos enseñan.

Parafraseando e ironizando con la frase de Schreber, no son en absoluto hombres hechos a la ligera…tienen su peso e importancia en el lugar en el que están, que no es poco. Tienen un nombre, y un lugar de singularidad, que es con lo que trabajamos.

La enseñanza derivada de sus textos la aprehendemos de las extrapolaciones derivadas de las enseñanzas que esos otros psicóticos, escritores, lúcidos y geniales, nos permiten una vez dilucidados por Freud y por Lacan, sobre todo Schreber y Joyce, autores paradigmáticos para el psicoanálisis.

En definitiva se trata de la relación con la lengua: desencadenada, imparable, metonímica…rompiente, dulce, devastadora, a golpe de cincel, con ruido… sin él, desde la calle, en la consulta, en un bar…que deshilvana el cuerpo que aúlla dentro de las vísceras y de la carne, que como despojo de un organismo desvencijado hace esfuerzos por unificar lo despedazado, o por instaurar un orden en tanto caos que no sirve salvo para mantenerle en los márgenes, en la cuneta de la vida en la más absoluta soledad.

Tanto Freud como Lacan nos permiten dar un paso más sobre qué significa escribir y la función que cumple un texto escrito en la economía libidinal de un sujeto, nos permiten salir de los análisis lingüísticos, en los que la psiquiatría suele estar interesada, embarullada y leerlos clínicamente.

No se trata de contabilizar neologismos o los errores de la sintaxis o gramaticales, en todo caso derivados de su instrucción académica de su autor, y no de ningún déficit cognitivo inherente a la locura, sino de una relación diferente a lo simbólico que está en juego en la psicosis.

Esos escritos, son una maniobra creadora y estabilizadora del psicótico para intentar mantenerse a flote en el naufragio que supone la irrupción de la locura en sus vidas, responsable de que todo se tambalee corriendo el riesgo de hacer aguas y hundirse definitivamente.

Déficit no hay ninguno sino inscripción diferente de la lengua en el cuerpo. En la psicosis lo simbólico está afectado de estructura e implica manifestaciones clínicas derivadas de la repercusión en lo imaginario y lo real.

Por tanto el hospital alberga a muchos escritores de textos. Si las funciones y contenidos que se derivan de ellos son particulares, también lo son sus soportes.

Están los clásicos de bolígrafo y papel, los de cuartillas acumuladas que literalmente pegadas al cuerpo hacen una segunda piel, los que escriben durante años y años sin descanso verdaderos tratados cosmogónicos, religiosos, o de índole moral… los que redactan cartas en los que instan al Otro de la ley a que reconozca su condición de víctimas de un Otro malvado y perseguidor… los reivindicadores querulantes, los erotómanos… los que hacen envío a las instancias pertinentes, los que en su megalomanía acusan de robo o plagio de famosos slóganes televisivos robados telepáticamente de su pensamiento a las multinacionales, los que hacen tesis doctorales a distancia, los que cobran royalties por sus guiones…son como vemos casi legión a los que se unen ahora los que escriben pequeñas cosas que a modo de epifanías twiteadas expanden por la red , los que llevan un diario en la pared de la habitación en donde inscriben sus pensamientos circulares que hacen mención al tiempo, al encierro, a su perseguidor…y los que escriben a escondidas que de todo hay.

Veamos algunas viñetas clínicas:

Luis es un psicótico joven, que vive en un silencio sólo interrumpido por lo estrictamente preciso, mientras llena la pared de su habitación con sus esquizografías. Al preguntarle un día sobre su mutismo se asombra y pregunta: «¿pero no hablo? Asombrado con mi respuesta: «No Luis, llevas aquí cinco años y nunca hemos podido hablar…más allá de lo mínimo» le deja perplejo.

La risa de los compañeros presentes sanciona lo que parece un chiste, mientras él no sale de su asombro. La respuesta es la marca de ser hablado por un otro que no es sino el mismo…y al que desconoce.

Luis escribió durante semanas en la pared de su habitación. Una vez interrumpido o concluido ese tiempo nunca más ha vuelto a escribir y su mutismo sigue intacto.

Juan es otro paciente diagnosticado de psicosis con muchos años de evolución e ingreso. Hace semanas he descubierto que se dedica a escribir cada día. Es un trabajo que realiza en soledad acompañada de sus musitaciones.

Sus escritos no tienen otro destinatario que no sea él mismo. Podríamos calificar lo que escribe como «garabatos» es en ese sentido puro trazo, pura letra?… sin contenido aparente… no son letras en el sentido que entendemos gramaticalmente por tales, sino algo semejante a ceros o muelles enroscados en un trazo que es una serie, una repetición… Al acabar dobla su manojo de cuartillas escritas, las enrolla y las guarda en contacto con su cuerpo, parecen una segunda piel…no las enseña, no las comenta…es una actividad totalmente solitaria; lo mas que dice al respecto es que son «papeles importantes dos médicos»… dado que el nunca los ha enseñado ni parece que tenga intención de hacerlo no tengo intención de perturbarlo.

R rondaba los cincuenta, ingresó en el hospital enloquecido, desaliñado, sucio, lleno de parásitos y desnutrido. Llevaba meses encerrado en su casa después de haber regresado de Suiza en donde había trabajado de albañil. De la familia que había tenido, ni rastro.

Sólo y desorganizado acudía cada día al banco del barrio. Entraba vociferando y reclamando su dinero en calidad de Director mundial del mismo ante la perplejidad de todos. La escena la interrumpían unas cuantas monedas, para un café y poco más. Al salir amenazaba con el despido a todos los trabajadores y así se repetía día tras día.

Fueron esas incursiones casi diarias las que desataron la intervención que finalizó con un ingreso. Una vez ingresado pudo desplegar su historia no sin dificultades.

El apellido que se había dado no coincidía con el de su DNI. Conservaba su nombre, R pero el apellido había cambiado a Antártidas. Preguntado por el cambio aclaró que era como el de su padre, jefe de la Interpol y de todos los bancos del mundo, pero con «s» al final porque él era ya el segundo. Lo dijo con una contundencia que no daba lugar a error posible, así es su lógica aplastante.

Hubo un primer tiempo de avatares diversos entre los que la errancia, el abandono del hospital y los estados de embriaguez, eran frecuentes.

Un pequeño dato clínico: si R se calzaba sus botas camperas independientemente de la climatología casi podíamos dar por hecho que antes o después desaparecería del hospital.

Sus salidas finalizaban en su barrio en donde se sentaba todo el día a escribir en un café, en donde le cuidaban. Sabido esto bajamos a buscarlo.

Le dijimos de nuestra preocupación, que él por supuesto no compartía… «onde vou a estar Chus? estou aiquí escribindo…». Aceptaba subir de nuevo pero antes de regresar al hospital teníamos que darle tiempo a finalizar su trabajo; mientras nos ofertaba un café. «Teño moito traballo e ali non podo escribir…» decía refiriéndose al hospital, «por eso baixo…».

Llegamos a un pacto, le daríamos papel y bolígrafo para hacer su trabajo y le proporcionaríamos un lugar en donde no le molestasen.

Puso sus condiciones: «eu escribo en verde… con bolígrafo verde… ten que ser verde ¿Entendes Chus?», no me explicó el motivo y yo tampoco le pregunté. En el tema del papel no puso condiciones.

Así empezó a escribir, trabajo que fue estructurándose poco a poco, hasta llegar al punto actual en el que permanece estable desde hace meses.

Los cambios en la escritura se acompañan de cambios en su aspecto, más o menos cuidado y en el lazo social resultante del intercambio.

En un primer momento los escritos eran variados y sobre temas diversos: diseñar y dibujar un billete que se llamaba «dólar» pero aclarándonos que no era el dólar de los Estados Unidos … «este é diferente sabes Chús?»… Dibujos geométricos que ocupaban las dos caras del papel en donde no quedaba ni un espacio libre que no estuviera cruzado por líneas, a modo de un entramado laborioso, eran papeles desiertos de letras …que regalaba a unos y otros siempre trabajadores del hospital, una vez concluido el lote a repartir nominalmente. Psiquiatras y residentes solemos ser los destinatarios principales.Mientras se afianzaba la escritura como algo diario, la megalomanía y altivez iban en aumento. Nombrándose como director del hospital, se dedica al control de lo que allí pasa… si cumplimos los horarios, si estamos bien pagados… si hay que aumentar o disminuir vacaciones o avisarnos de que alguna cumbre de dirigentes políticos se celebrará en el hospital por lo que ya podemos ir buscando otro sitio…Se reveló un director de tono general amable y cuidador… que evita recortes presupuestarios, que peca incluso de espléndido si con ello garantiza nuestro bienestar.

De la construcción del papel moneda pasó a la expedición de títulos académicos y de cargos honoríficos o títulos profesionales…mejor psiquiatra del mundo…médica jefa de psiquiatría mundial…

Títulos que llevan su firma y la del padre al que eleva al más alto rango médico, policial o bancario o los tres a la vez.

De ser escritos variopintos y geométricos pasan a tener un formato estable y acabado: con tinta siempre verde micrográfica… Las palabras están enganchadas unas en otras como haciendo una cadena… de modo que no hay separación ni entre líneas ni entre palabras que como hilvanadas penden de un hilo invisible que le aporta estabilidad.

Su escritura está estructurada en torno a lo que podríamos nombrar como dos tiempos lógicos que él denomina:«letra aberta» e «letra cerrada», en los que de modo binario, hay o no hay, escritura.

El tiempo de la «letra abierta» implica un gran trabajo, en el que puede pasarse noches en vela en plena actividad escritora febril y que él al día siguiente aclara: «por si cho dixeron xa, Chus, esta noite non puden dormir porque estuven facendo todos os títulos e cheques pra pagar o petroleo de España… e todo eso… e xa sabes ti que hai moito que pagar que xa é fin de mes».

En ese tiempo también suele hacer nuestros títulos, está megalómano y el repartirlos en el hospital entre los elegidos permite lazo social.

Nunca que yo sepa hace títulos o reparte escritos entre sus compañeros de ingreso.

La letra cerrada lo aísla, apenas habla y esta ensimismado con aspecto cavilador. Hay riesgo de que se vaya al pueblo y beba. Su aspecto se descuida y se vuelve huraño.

Por el contrario la letra aberta le da tono vital, alegría y conversación alejándolo del riesgo de la bebida.

Hace poco tiempo se fue de alta a una vivienda comunitaria.

El asunto abrió un dilema: como poder compatibilizar la dirección de la casa a la que se trasladaba con la dirección del hospital, del que hacía tiempo se hacía cargo. Lo resolvió como cualquiera: «terei que comprar un coche» dijo. Mientras tanto aceptó que le lleváramos en el nuestro.

Durante los días previos al alta mantuvo una condición: que tanto Alcira como yo le acompañásemos a su nuevo hogar…y preguntaba cada día «Oes Chus cando nos imos?» Finalmente y sin estruendos consintió en irse solo y dejarnos a nosotros trabajando…y cuidando sus posesiones.
Cuando llegó a la casa fue recibido con cariño. En ningún momento hizo mención a condición de director, de jefe con mayúsculas… pero al ver que su habitación era compartida frunció el gesto y pidió si era posible una individual. Sin pensárselo dos veces la directora le enseñó una habitación abuhardillada sobre el jardín: «esta sí que é unha habitación…! dijo encantado.

Sabedores de su pasión por la escritura se comprometieron a incluir una mesa de trabajo.

Veremos el efecto que produce esta nueva atalaya desde la que seguir dirigiendo el mundo…y a los hombres.

R con su invención se ha dado una función y un nombre. Su locura lo confronta con un vacío, con el lugar de una falta de significante en el Otro. Como Freud advierte apropósito del delirio, las manifestaciones de la locura no son «la enfermedad» sino su tentativa de curación.

La escritura es una de las respuestas posibles a la invasión de un goce enigmático, que le obliga a movilizar los recursos con los que cuenta para intentar limitarlo y en cierto modo le ha servido, sujeto a los vaivenes de una suplencia laxa, con la que nombra y nomina al resto del mundo. Su apellido inventado ha desaparecido y de nuevo es el de la estirpe que lo filia.

Colette Soler en la aventura literaria o la psicosis inspirada dice que para Lacan el escrito verdadero no es para leer y la operación «lectura» no consiste en deletrear letras, sino en dar sentido siempre. Leer en consecuencia es una operación borromea que supone acolchar cadenas significantes. Se necesita el anudamiento entre lo imaginario y lo simbólico, de donde surge el sentido, con lo real de la letra fuera de sentido.

Lacan, en el año académico 75/76 se dedicó al estudio de la obra de Joyce, al preguntarse sobre su posible locura. Su conclusión de modo resumido es que su escritura avanza en un proceso progresivo de destrucción del sentido, tal como se aprecia en el Ulises, alcanzando su culminación en Finnegan’s Wake. Es la manera en la que Joyce se fabrica un padre, logrando suplementar su anudamiento subjetivo al forjarse un «ego» capaz de retener el imaginario no sujetado, que se desprendía como cáscara madura como el relata tras la famosa paliza.

En lugar de venerar el nombre de su padre-que lo reconoce como su hijo preferido- Joyce se aboca a «hacerse un nombre», logrando efectivamente inscribirlo en la cultura, para ser objeto de estudio en todo el mundo. Es la manera que encontró Joyce de eternizarse.

Lacan, resaltó con su estudio sobre Joyce la relación casi «natural» del psicótico con la escritura, y con otras formas de arte.

En este sentido las actividades de taller tan propias de los hospitales psiquiátricos desde siempre, adquieren con la perspectiva instaurada por Lacan, un alcance más allá del efecto apaciguante que supone una labor de ese tipo de modo general. Permite ordenar las coordenadas sobre la pregunta por los elementos con los que cuenta el psicótico a la hora de tratar lo real de un goce que, bajo la forma de voces, y otros síntomas psicóticos pueden atormentarlo hasta el martirio.

Vayamos ahora por último con G mi Schreber particular. Puede forzándo mucho la cosa, establecerse algunas similitudes con la escritura de Joyce y con la enseñanza sobre el traumatismo que para cada uno supone el encuentro con la lalengua, claro que a escala minor, sin pretensiones, pero si como enseñanza fundamental, pues al fin y al cabo cada clínico tiene su profesor particular de psicosis que será posiblemente quién más le enseñe sobre la locura.

Dice Miller que Joyce en Finegans Wake se abstrae del querer decir, no aporta el significado del significante en juego, sino que solo aporta el eco homofónico y translingüístico del significante, en la amalgama políglota de esas 65 lenguas con las que juega para producir finalmente un texto que subvierte el léxico, la gramática, la sintaxis y la narrativa, creando un efecto de desconcierto, que nos hace perder la pista de todo significado… que nos pierde… pero que a la vez multiplica y anula los significados.

El resultado es que no operan ni la metáfora, ni la metonimia y que el texto que no lleva mensaje forcluye la verdad del mismo modo que lo hace la ciencia.

De ahí que FW sea como una cámara de ecos dice Miller cuyo efecto sobre el lector será impredecible al afectar de manera contingente e incalculable a cada uno.

En FW queda demostrada la relación pura de cada uno con la lengua continua Miller, porque la lalengua toca a cada uno como esa cámara de ecos que reverberan.

Esa contingencia del encuentro para cada uno con la lalengua es lo traumático.

¿Que quiere decir que es traumático? Se pregunta Miller para aclararnos: que traumático significa que la disarmonía es original, que el sonido de la lengua es disarmónico y que esa disarmonía no puede ser ni reparada ni curada y que la lalengua hace del ser que la habita y que la hablará un minusválido…y que todo cuanto le esta permitido hacer a partir de ella es una obra.

Volvamos a G.

La primera vez que nos vemos tiene 23 años y estudia último año de filología inglesa. Eligió filología inglesa porque el inglés fue la primera lengua diferente que escuchó hablar a una mujer que no era su madre. Era su profesora de inglés en el cole cuando era un niño. Fue su primer intento de separarse de la lengua materna, un intento menos loco que el que desencadenó la consulta como ahora veremos.

A la primera consulta acude con su madre y hermano mayor asustados de su estado: maníaco, plagado de fenómenos psicóticos, inquieto, se mueve constantemente de un lado a otro en la consulta, se ríe sólo, sus soliloquios son casi continuos, y además está referencial y provocador. La verborrea y los juegos de palabras, cortocircuitan el encuentro y el intento de su familia de explicar lo que ocurre.

Dicen que lleva así semanas. Además está insomne y con conductas extravagantes. Los permanentes juegos de palabras, las asociaciones por asonancia y las interpretaciones delirantes de mis gestos y palabras poco permiten hacer más allá de recomendar un ingreso que milagrosamente acepta sin apenas resistencia. Cuando ya de alta regresa más apaciguado comienza a contar su historia.

«Lleva tiempo así», y lo atribuye a que ha sido capaz de escribir «La Obra», lo máximo a lo que se puede aspirar. La escritura continuada es la actividad de su vida, de la que más adelante me irá haciendo depositaria.
Le falta una asignatura para acabar la carrera y es precisamente ahí, en ese encuentro, con la asignatura «análisis del discurso», donde nota que «ha perdido la bola».

G había escrito la Obra, una pieza teatral, en la que se recogen los diálogos suyos con un grupo de amigos en una casa en verano en donde pasan unos días juntos. En la escenificación de la obra teatral hubo un riesgo de mutilación. En la escena final el personaje que él representa tiene un monólogo en el que al final se corta la lengua.

Asustado por la inminencia del paso al acto, unos días antes del estreno le pide a un compañero que haga ese papel, ante el temor de mutilarse si él lo dice, y es ahí cuando decide venir a contarlo a consulta.

Entra y lo primero que me dice es «vengo porque tengo un problema y es que no metaforizo» para explicarme que su temor de cortarse la lengua es del todo fundado, cosa de la que yo no tengo ninguna duda. Me cuenta que antes de escribir la obra de teatro, tiene una de las peleas típicas con su madre. Esta desesperada y perdida ante la imposibilidad de hablar con este hijo no encuentra otra salida más que anunciar que es mejor cortarse la lengua que seguir hablando, para salir del bucle imparable de una conversación chiflada e infinita en la que él la empuja al abismo una y otra vez.

Él escenifica la escena y relata: «ella me dice que su única liberación es por la lengua… me enloquece… ya no sé cómo decirle que mi locura es cosa mía… que aquí no puede entrar… se puso de rodillas y me suplicó que no me fuera; si quieres me corto la lengua» dijo.

En otro tiempo la frase materna ante una escena similar fue literalmente:«Yo de ti me cortaría la lengua». Dicho repetido posiblemente en múltiples ocasiones y sobre el que se organizó la obra de teatro y también lo fundamental de su psicosis, desencadenada en el encuentro con la asignatura «análisis del discurso».

Viene a verme me regala su obra de teatro. Además de multitud de poemas en donde el goce fónico es lo más significativo. Trae a consulta tres textos psicoanalíticos fotocopiados para que yo los lea. Los títulos resumen de modo ejemplar lo nuclear de su locura: «el caso como ejemplo», «equivocar» y «la madre de Juan».

En «el caso como ejemplo» está la decisión. El lugar, el empezar a ordenar. «La influencia de los significantes del otro materno, sus faltas, sus prótesis y sus sonoridades» es una frase que él me señala de ese texto.
En «equivocar»: se explica que el equívoco de la homofonía de la palabra «homo» que remite a dos raíces: una latina y otra griega (hombre / semejante) y a dos escrituras diferentes, sirve para ejemplificar otra homofonía con dos escrituras: la lengua versus la lalengua.

En «la madre de Juan» se comenta la relación de una madre con su hijo psicótico. Estos artículos en los que literalmente lee sus síntomas son el inicio de su reordenamiento. Estudia y trabaja en una fábrica de Donuts «un cero con un agujero» dice y viene para explicarme lo que ocurre con la lengua, las frases, los sentidos…con el lenguaje en general:

«A mí lo que me pone loco es el discurso» , «el lenguaje no es más que el velo que tapa las palabras» son algunos de sus dichos.

Transcribo el monólogo final de la obra, en donde él se sabe en riesgo de paso al acto:
«Estoy torturado, estoy torturado por mi mente, por mi propia mente que arremete en dulces sueños la peor de las desgracias. Oigo los gritos. Los oigo ahora, me gritan (se tapa los oídos y cierra los ojos temeroso), cuando regreso a mi lápida, a mi puerta, a mi colchón blanco, a mi caja, mi cajita, lúgubre, rancia, fría de polvo, seca, infinita, cerrada, bien cerrada por el portón sellado que me anuncia el sueño, mi caja de muertos, mi propia caja de muertos donde descanso cada noche para no cortarme la lengua de un mordisco. Porque tengo ganas de cortarme la lengua, despacio, afilada, y separarla del músculo y verla caer como la mierda que arrastran las cataratas de las rocas de sangre en las montañas de ojos tristes, mojados de lluvia salada , de llorar, de pena de lluvia que en suelo cae como la miel en la leche y se abre paso haciendo globos en la sangre que rodea mis pies y me rodea mirándome la lengua diciendo que estoy loco sin lengua; la lengua sin lengua me atormenta y no tengo lengua pero hablo en el aire con mi lengua que me habla y dice que no tengo lengua»

G se sabe un sujeto afectado por la lengua.

Durante todo un primer tiempo de consulta predomina la disgregación del pensamiento. La verborrea y las elucubraciones sobre el valor del discurso… sobre el goce de la lengua: «realmente lo que he descubierto es que nadie en el mundo se entiende aunque usemos el mismo código… nadie sabe lo que dice el otro… yo disfruto, siento placer hablando independientemente de que al otro le importe o me escuche» .
Me revela su descubrimiento: »somos una fórmula matemática, una fórmula que el otro hace con las palabras…. la mía es, eres el mejor y se te permite todo».

Sabe que la ley no ha mediado en la relación entre él y su madre. Que nadie le ha dicho lo que podía y no podía hacer: «imagínate que tengan que decirte que no puedes matar a tu madre; pues que tengan que decírtelo es ya una locura, pero ella nunca me dijo no, a nada y yo lo interpreté como me dio la gana».

Sabe que el lugar del padre tiene que ver en su locura: »aunque mi padre exista en la realidad… está ahí, lo veo… tengo una falta en la cabeza que supone un vacío. Fuí a preguntarle a mi madre y no existe respuesta… por eso aparece la culpa… Para responder siempre a esa falta… yo me inventé mi locura para tapar esa interrogante». Ver a su padre le alivia, le calma pero no lo suple; dice que aún estando el padre en casa y siendo una familia «no rota» eso podría haber aparecido igual…»estoy en el límite de saber que mi familia es como todas las demás»

Retoma la lectura y la escritura con cierto orden; escribe una nueva obra que me entrega cuyo título es un palimpsesto y estudia lingüística; tiene la impresión de que lo fundamental sobre el lenguaje no ha sido dicho pero que él si puede decirlo. Al final del primer año de consulta su proyecto era hacer una tesis sobre el lenguaje ya que «no todo ha sido dicho».

Aclara que no será un trabajo al uso académico sino que lo hará desde su saber: «una teoría sobre el lenguaje mismo desde si mismo, te lo iré trayendo a la consulta; te lo dedicaré porque al fin y al cabo esto lo hago por ti…aunque me estoy pensando si escribirlo para que tú lo entiendas, porque yo ya lo se».

Con el dicho: «yo soy un ablador, de ablación. Yo me desconecté de los demás hice y hablaba una lengua, la mía, diferente a la de fuera, y con eso del rollo de la lengua una ablación», concluye un primer tiempo de la cura en el que la mutilación pasa de lo real del cuerpo a fijarse en la supresión de la letra «H» que además es muda.

Es el chivo expiatorio de la vergüenza de toda la familia:«yo nací sin-vergüenza… y ahora tengo una vergüenza muy bonita, fíjate no es de mi cara, ni de mis piernas… es de mi pasado esa es mi vergüenza».
No se si puede decirse que G con sus dichos ejemplifica que hay un saber que trabaja para el goce, que hay una conjunción entre saber y goce como dice Miller y que el hombre tiene un cuerpo, pero no es un cuerpo de modo que hay una disyunción entre el cuerpo y el ser.

Que existe desde el origen una relación con la lalengua y que La lalengua es para cada uno algo particular, no aprendida, sino una pasión, algo que se sufre y deja marcas.

El encuentro entre la lalengua y el cuerpo deja marcas inscritas en el cuerpo y la consistencia de esas marcas constituyen el sinthome. Desde esta perspectiva el sinthome es un acontecimiento del cuerpo, algo que le ocurrió al cuerpo en función de la lalengua.

El hablanteser, por otro lado, es un concepto diferente, es un ser no aristotélico, un ser que no se sostiene en el cuerpo ni recibe su ser del cuerpo sino de la palabra, del registro de lo simbólico, que una vez disyunto de lo real y de lo imaginario ya no es mas un orden, ya no es más el orden simbólico, puesto que no impone orden alguno, motivo por el que Lacan hace una depreciación de la palabra que queda reducida a un adorno.
Para finalizar cuando Joyce está en Roma recuerda que su madre le llamaba «burlón» quizás percibiendo su loca ironía… y Joyce hizo algo con eso que su madre le decía… G hizo otra cosa… pero pudo hacerla mucho peor.

Bibliografía

– LACAN, Jacques. “El Seminario sobre la carta robada”. Escritos 1. Buenos Aires, Siglo XXI, 1988.
– LACAN, J. (1957/2005). “La instancia de la letra en el inconsciente o la razón desde Freud”. En Escritos 1. México. Siglo XXI
– LACAN, J. El seminario XX, Encore. Paidós.
– LACAN, J. El Seminario XXIII. El Sinthome. Paidós.
– FUENTES, Araceli. “La función de la escritura en la experiencia psicoanalítica”. Letras. Revista de psicoanálisis de la Comunidad de Madrid, ELP. Nº 1; 2010.
– SOLER, Colette. Aventura literaria o psicosis inspirada. Rousseau, Joyce, Pessoa. Ed. Palacio Roldán.
– COLINA, F.: «Locas letras (variaciones sobre la locura de escribir)». Frenia, Vol.VII-2007.
– GARCÍA NIETO, R. «James Joyce: Un funámbulo del litoral». Frenia, Vol.VII-2007.
– MILLER, J.-A. El lenguaje, aparato del goce. Colección Diva. Junio 2000. Argentina.

Chus Gómez

Publicado en Siso•Saúde Nº 56-57 (invierno 2015)

2017-06-25T11:59:44+00:00 22/05/2015|Categorías: Artículos, Noticias|Etiquetas: , |