Jerónimo I de Jabugo

Era el reino de Jabugo, pequeño y peludo, como el burro de Juan Ramón (Jiménez). Constaba su real censo de 2500 habitantes y muchísimos visitadores médicos, muchísimos pero muchísimos, venidos de reinos aledaños para gozo de propios y acojone de extraños. No se extrañen pues cuando les cuente que era el tal reino un lugar próspero en negocios especulativos. A falta de materia prima, a falta de materia a secas, habíasele dado a los jabuguenses, con Jerónimo I a la cabeza, por sostener la extraña teoría de que abundaban los cerebros enfermos, o enfermedades del cerebro, para las que no se conocía foto de virus, molécula ni organismo vivo alguno que probase su existencia. No constituía esta carencia palpable motivo alguno de contradicción entre los jubilosos jabuguenses, que trabajaban de pluriempleados como publicistas para el rey Jasón (pronúnciese Yansen), propietario de una próspera industria, un poco de capa caída a tenor de los últimos acontecimientos, que entre otros productos fabricaba píldoras de engorde y adormecimiento, cualidades que había logrado reunir, en un alarde de ingeniería industrial, en un sólo producto.

La reconversión industrial de Jabugo condenaba a sus eméritos habitantes, todos muy cualificados, a desempeñar labores menores de recetaje-exprés, y habíalos quienes comenzaban a pensar en invertir capital humano y no tan humano en empresas de seguridad y orden público. Pero no dejaban de ser planes a largo plazo. Para el goce del instante, para garantizar una supervivencia holgada y una pacífica cohesión social caiga quien caiga estaban a la sazón negociando con Jasón la campaña de distribución del susodicho fármaco/píldora o jamón (la documentación es confusa  a este respecto), para lo cual se organizó un congreso monográfico.

Las conclusiones del congreso fueron poco menos que sorprendentes, se decidió por unanimidad una petición pública de compra y administración forzosa del producto, hecho de escasos precedentes si no tenemos en cuenta una cierta alarma social a propósito de un modelo de vacuna contra la gripe que finalmente no contó con el suficiente apoyo para su implantación sí o sí.

A día de hoy, una oleada de indignación contra la agresividad de la campaña publicitaria recorre el espinazo de pequeños pero compactos y bien avenidos reinos adyacentes. La belicosidad del reino de Jabugo en materia publicitaria es proverbial, años de experiencia les avalan. Especializados en la venta de ilusiones clínicas, con profusos manuales publicados en prestigiosos chiringuitos internacionales, se sabe que no se arredran fácilmente. Queda por ver si gozan todavía de la fidelidad de su aval más importante: los clientes potenciales. Una campaña de desprestigio sin precedentes siguió a la presentación del nuevo producto. La competencia, aliada con la clientela, hastiadas ambas de los mecanismos agresivos de Jerónimo y su departamento de recursos humanos, han hecho público su rechazo y amenazan con no enfermar del cerebro nunca más. Actualmente se está realizando un minucioso casting en las agencias de calificación de jabuguenses, con la finalidad de bajar la prima de riesgo hasta límites insostenibles para la supervivencia de los negocios que allí se dan cita, llegando al extremo, si las dolorosas circunstancias lo requieren, de un crack financiero que erradique de una vez por todas el cáncer especulativo.

Numerosas páginas huevo de todo el mundo están en estos momentos haciéndose eco de la noticia, permanezcan atentos a sus pantallas, siempre será más saludable que hacer turismo en las inmediaciones de Jabugo. Noticias de última hora confirman que su Majestad Jerónimo I tiene problemas para conciliar el sueño expansionista con la obstinada realidad”.

Laura Piñeiro
Persona diagnosticada

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2017-06-24T09:52:03+00:00 15/12/2011|Categorías: Noticias|Etiquetas: |