«El tratamiento del enfermo mental debe ser prioritariamente ambulatorio»

Fernando Colina
Es veterano entre los veteranos, conocedor del ser humano y las debilidades, o fortalezas, que lo llevan al delirio o a la confusión y aboga por una psiquiatría viva, más allá de la prescripción farmacológica y las etiquetas. Fernando Colina (Valladolid, 1947) llevaba 22 años como director del Doctor Villacián y, tras el traspaso a Sacyl de lo que era un consorcio con la Diputación, asume las mismas funciones con otro nombre, el de jefe de Psiquiatría del Río Hortega.


—Finalmente ya hay Unidad de Agudos en el Río Hortega.

—El 1 de diciembre se hizo el traslado, había sólo seis pacientes y se trasladaron todos en una ambulancia acompañados de una enfermera y un auxiliar, sin problema alguno. No había casos que requirieran intervención especial alguna.

—Las mismas 22 camas.

—Las mismas, y no hacía falta ampliación. Ahora mismo hay trece personas ingresadas.

—¿Cuál es la función de esta unidad?

—Acoge las hospitalizaciones por crisis agudas, generalmente reingresos, recaídas; aunque también pueden ser nuevos pacientes que han llegado de urgencias. En cualquier caso permanecen unos días, la media es de 12,5, y después vuelven al seguimiento ambulatorio. Salen del hospital ya con cita en el equipo de salud del centro que les corresponda y el gestor del caso, la enfermera y el trabajador social, hacen el seguimiento.

—El peso fuerte lo llevan los equipos de los centros de salud.

—Es que el tratamiento debe ser comunitario, en la calle, con programas de gestión de enfermos graves y cuando tienen recaídas, con ingresos en hospitalización. Otros recursos son Rehabilitación que es de estancia media, cerca del año, para estabilizarlos y de Convalecencia, que es de tres meses, y está concertado con el Benito Menni.

—¿Rehabilitación sigue en el Villacián?

—De momento, pero la idea es trasladarlo, probablemente también al Río Hortega. La Unidad de Agudos, que ahora está ya en el nuevo hospital, realmente no es el servicio clave, los encamados no tienen el sentido que en Cirugía u otras especialidades. Aquí, el enfermo no puede estar en cama y se les saca fuera de la habitación, no se les deja.

—¿Qué ha supuesto el cambio tanto positiva como negativamente?

—Sin duda estar en el hospital supone más soporte técnico, interconsultas, analíticas… además nos han acogido de maravilla y atienden cuantas peticiones racionales hacemos. Sin embargo, los enfermos han perdido espacios, aunque hay una sala más grande que en otros servicios y biblioteca, ellos no pueden estar en cama y aquí no pueden salir al exterior.

—¿Es así en todos los hospitales?

—En casi todos. El estar dentro del Río Hortega estigmatiza menos porque estás ingresado en el hospital y nadie tiene por qué saber en qué planta. En el Villacián estaban en un psiquiátrico. Sin embargo, hay un riesgo importante que es el de convertir al hospital en el centro de todo, potenciar la medicación cuando la clave debe de estar en la atención ambulatoria. Hay unidades psiquiátricas en un edificio externo al hospital y comunicado por un pasadizo como el Balmes de Sevilla que consiguen armonizar todas las ventajas. A mi es la opción que más me gusta porque lo que estigmatiza es el tratamiento, la falta de calidad, no el edificio; pero hay psiquiatras que se oponen a este concepto.

—Una vez terminado el Río Hortega, hubo que adaptar la unidad a la seguridad necesaria para este tipo de enfermos…

—Bloquear las ventanas, medidas contra incendios, eliminar cualquier elemento que pudiera ser utilizado de forma agresiva, las puertas son de cierre automático.

—Además, estos pacientes fuman mucho, ¿cómo se compatibiliza?

—La Ley del Tabaco contempla esta excepción y tienen derecho a poder fumar en una sala determinada. Pueden hacerlo una vez cada hora, siempre a las ‘y cuarto’ y se les enciende el cigarrillo. Ellos no manejan ni mecheros ni cerillas.

—¿Qué patología es más frecuente en agudos?

—La psicosis, los trastornos bipolares, cuadros tóxicos, alcohólicos…

—¿Qué tratamiento reciben?

—Se les estabiliza, se equilibran. Es farmacológico. Se les recupera, un cierto aislamiento, y luego se les devuelve a casa y al control ambulatorio.

—¿Qué seguirá en el Villacián?

—La Unidad de Rehabilitación que tiene 40 camas y ahora, tras solucionar la ocupación de forma inadecuada con enfermos crónicos, ya responde bien a la demanda. Ahora hay 18 enfermos. También hay un centro de día de rehabilitación psicosocial con 25 plazas. Además está la residencia de mayores de la Diputación, con 150 plazas, y gestionada simultáneamente a la del Cardenal Marcelo.

—¿Cómo queda entonces el área Oeste?

—El Río Hortega incluye todos los dispositivos bajo su gerencia. Agudos, rehabilitación, los tres equipos de adultos, en los centros de salud de Parquesol, Casa del Barco y La Victoria, y uno de infantil en Sanidad.

—¿Algo de nostalgia en el cambio?

—No.

—Han sido más de dos décadas.

—Sí, pero lo hemos asumido hace mucho y casi lo que ha hecho es tardar demasiado. Yo empecé en el manicomio, en el Monasterio de Prado y, después, en Villacián desde que se inauguró en 1975.

—No. Sólo cuando bajamos a urgencias o nos movemos por otro servicio, de no ser así sólo llevamos la preceptiva identificación, pero nada más. Nos resistimos. El color blanco altera a los esquizofrénicos.

Foto: Henar Sastre
Fuente: El Norte de Castilla

2017-07-06T02:29:43+00:00 20/12/2009|Categorías: Entrevistas, Noticias|Etiquetas: |