Las enfermedades mentales, una «invención» de nuestra época

Si todos los autores tienen su libro, el psicoanalista José María Álvarez confiesa que el suyo es La invención de las enfermedades mentales, una obra «especial» entre las que ha escrito, cuya primera edición sufrió algunos percances, y que ahora rescata Gredos, sello de los clásicos. El volumen estudia la transformación de «la locura» en «enfermedades mentales» al examinar los resultados de dos siglos de clínica y confrontarlos con la vida del famoso juez Paul Schreber, autor de Memorias de un neurópata, cuya locura fascinó a Freud o al Nobel Elías Canetti, entre muchos, constituida en paradigma.

El texto nació en 1995 cuando un eminente impulsor de la nueva psiquiatría, Manuel Desviat, hasta hace pocos meses director médico del prestigioso Instituto Psiquiátrico José Germain, de Leganés, escuchó a este autor en una conferencia que trató ese asunto y le invitó a dedicarle un monográfico. Álvarez se puso a la tarea, que duró cuatro años y se completó en 400 páginas. En ellas se interroga, «con miras prácticas», sobre el saber edificado en el terreno de la psicosis y propone centrar la atención en «la experiencia concreta» del loco.

Jose María Álvarez (León 1960), miembro de la Asociación Mundial de Psicoanálisis (APM) y especialista en Psicología Clínica del Hospital Universitario Río Hortega de Valladolid, ciudad en la que ejerce la clínica y la docencia, es autor de otros títulos como Estudios sobre la psicosis.

En el periodo transcurrido entre la primera edición y esta segunda, Álvarez recuerda que junto con Fernando Colina, Ramón Esteban, Pepe Eiras y Chus Gómez pusieron «en marcha la Otra psiquiatría», y con Fernando Martín Aduriz, el Espacio del Instituto del Campo Freudiano en Castilla y León.

En el prólogo, Colina llama «inculta» a la psiquiatría que olvida enlazar sus ideas con las nociones que provienen del resto de las ciencias humanas: psicoanálisis, antropología, lingüística, historia, literatura o filosofía. Y reclama «el hombre de palabra»: la dimensión ética que subyace al pathos humano y que ha sido olvidada por el discurso de las enfermedades mentales.

El psiquiátrico de Leganés, antiguo manicomio Santa Isabel que acogió a poetas como Blas Infante o Leopoldo Panero, ha sido las últimas décadas, bajo la dirección de Manuel Desviat —destituido por el gobierno de la Comunidad después de 30 años al frente—, referencia de la Reforma Psiquiátrica en España y en Latinoamérica.

Y aquella conferencia de 1995 germinó en este libro, que ahora Álvarez ha reescrito en un estilo más claro y añadiéndole extensión, hasta superar 500 páginas en las que intenta articular la clínica tradicional con el psicoanálisis.

En los primeros capítulos analiza las visiones desgranadas por los especialistas sobre la locura maniaco-depresiva, la paranoia, la demencia precoz y la esquizofrenia, para después mostrar cómo la locura de Schreber da al traste con todos los intentos de explicar la enfermedad mental.

El título del ensayo anuncia el contraproducente resultado que ha tenido la sedimentación de esas construcciones culturales, razón por la cual se exhorta a «reanudar el diálogo con el alienado y a pensar de otro modo la locura». La gran telaraña de su portada ya sugiere lo que acaba por afirmar: «si se quiere revitalizar la investigación psicopatológica, es necesario salirse de los equívocos de la comprensión y dejar de colocarse como garantes de la realidad y de las ideas correctas», o lo que es lo mismo, quitarse telarañas para ver.

Álvarez propone seguir la estela del psicótico, poner los cinco sentidos sobre sus manifestaciones para ver cómo afectan a quien las sufre, qué le aportan esos fenómenos o por qué son esos, precisamente, los que padece. Su delirio nos enseña que «detrás de esas ideas, tan raras como amadas, alguien bracea para aferrarse a la vida», escribe.

El psicoanalista concluye con una reflexión de Séneca universalmente humana: «Nadie por sí mismo tiene fuerza para salir a flote. Precisa de otro que le alargue la mano, que le empuje hacia afuera».

Fuente: La Opinión de Tenerife

2017-08-09T19:50:14+00:00 23/08/2008|Categorías: Noticias, Reseñas y comentarios|Etiquetas: |